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AUTORES ORIENTALES

La capital de la provincia romana de Arabia, Bostra, cuenta con el obispo Tito de Bostra al que el emperador Juliano había intentado hacer expulsar de su sede, y que murió antes del 378. Escribió una importante obra Contra los maniqueos, que se conserva, y un Comentario sobre San Lucas y algún sermón, de los que tenemos sólo fragmentos.

Sinesio de Cirene, de donde procedía, estudió en Alejandría con la filósofa neoplatónica Hipatia. Por el éxito obtenido en su administración pública, fue elegido obispo siendo aún pagano y sin estar siquiera especialmente bien dispuesto hacia el cristianismo; sin embargo, se dejó consagrar y se tomó con seriedad sus deberes, aunque nunca acabó de compenetrarse con su fe. Entre sus obras tienen interés sus cartas. Murió en el 413 ó 414.

Capítulo aparte merecen las obras de historia eclesiástica. De entre las varias que se escribieron en Oriente en el siglo v y que buscaban seguir la tradición creada por la de Eusebio de Cesarea, se pueden citar como más importantes las escritas por dos abogados que ejercieron en Constantinopla. Son Sócrates, que trata de los años 305 al 439; y Sozomeno, algo posterior, que trata de los años 324 al 425; este último depende mucho del anterior; aunque su sentido crítico y su acierto son menores, añade algunos datos y documentos. Teodoreto de Ciro, mencionado poco más arriba, tiene también una obra histórica que cubre aproximadamente los cien años tratados por Sozomeno, y que parece depender de los anteriores.

AUTORES OCCIDENTALES

Es difícil encontrar un esquema satisfactorio que sirva para encuadrar en grupos homogéneos a los escritores de Occidente. Para poner un mínimo de orden, hemos elegido el que viene a continuación.

Los papas

De los papas se podría anotar lo que sigue. Julio (337-352) intervino a favor de Atanasio en la controversia arriana, y quedan de él dos escritos relacionados con esta intervención. Liberto (352-366) siguió sus pasos, aunque en un determinado momento se vio obligado a condenar a Atanasio; quedan de él algunas cartas y escritos menores.

Dámaso (366-384), nacido en Hispania pero que vivió desde niño en Roma, tuvo que luchar contra el antipapa Ursino e intervenir de nuevo en la controversia antiarriana y en el asunto del cisma meleciano de Antioquía. Como ya hemos visto, encargó a Jerónimo la revisión de las versiones latinas de la Escritura. Nos ha legado composiciones en verso, entre ellas epigramas para las tumbas de los mártires, por los que sentía gran veneración; y también cartas y escritos sinodales.

De Siricio, Anastacio, Inocencio I, Zósimo, Celestino y Sixto III, cuyos pontificados cubren los años 384-440, tenemos cartas en diverso número.

Autores relacionados con la controversia arriana

Siguiendo ahora un orden aproximadamente cronológico, se podría formar otro grupo con los escritores que intervinieron más directamente en las luchas relacionadas con el arrianismo.

a) Entre los bárbaros dispersos por el Imperio y en concreto en la zona del Illiricum, se podrían mencionar el obispo arriano Wulfila, que murió en el 383 y que había sido el gran apóstol de los godos; de sus numerosas obras apenas ha llegado nada, si no son algunos fragmentos de su traducción gótica de la Biblia. Y Maximino, del que sí se conservan algunas obras, entre ellas una controversia con Ambrosio y otra con Agustín. A estos escritos se podrían añadir algunos más, anónimos, que son predominantemente exegéticos o doctrinales.

b) En el ambiente más propiamente romano se pueden mencionar los autores siguientes. Julio Firmico Materno, que hacia el 347 escribió Sobre el error de las religiones profanas, en que ataca el paganismo con cierta falta de mesura, y pide a los emperadores que acaben con él como sea.

Osio de Córdoba fue obispo de esta ciudad, donde quizá había nacido. Llamado por Constantino, del que fue hombre de confianza, pasó gran parte de su vida en Oriente, tomando parte especialmente activa en diferentes sínodos para defender el credo de Nicea; murió el 357.

Eusebio de Vercelli, obispo de esta ciudad, muerto hacia el 371, luchó contra el arrianismo junto con Hilario de Poitiers, y fue desterrado a Oriente.

Lucífero de Cáller (Cagliari, en Cerdeña), de donde fue obispo, murió probablemente el mismo año que Eusebio de Vercelli. También antiarriano declarado, pero opuesto a los esfuerzos por atraerse a los semiarrianos, fue desterrado sucesivamente a Siria, Palestina y Egipto, y en Antioquía tuvo una actuación poco afortunada con respecto al cisma meleciano. Escribió cinco obras, muy apasionadas, dirigidas al emperador Constancio. Sus seguidores, los luciferianos, subrayaron esta oposición a todo compromiso, se separaron del papa Dámaso, y constituyeron muchas comunidades dispersas por Occidente.

Mario Victorino murió después del 362. Originario de África y maestro de retórica, pasó luego a Roma. Se había hecho cristiano a una edad ya avanzada, y escribió contra el arrianismo. Tiene numerosas obras, de antes y de después de su conversión; las primeras, de carácter filosófico y estilístico, las segundas doctrinales y exegéticas.

Potamio de Lisboa, de donde era obispo hacia el 350, pasó después a las filas del arrianismo. Febadio de Agen, obispo de esta sede del sur de la Galia, murió después del 392, y se opuso a los arrianos. Gregorio de Elvira, obispo de esta ciudad, murió hacia el 392 y fue antiarriano declarado, pero su actitud extremosa le inclinó hacia los luciferianos. En él se inspiró Faustino, que hacia el 380 era el jefe de esta secta en Roma.

Autores no relacionados con la controversia arriana

Fuera de la controversia arriana tenemos a

El heresiarca Prisciliano, ejecutado en el 385 en Tréveris con algunos seguidores, fue el primer cristiano condenado a muerte por herejía, con gran sorpresa e indignación de muchos, como por ejemplo San Ambrosio; sin embargo, parece que en su condenación tuvieron más peso las acusaciones de magia que las de herejía. Era culto y austero e influyó especialmente en el sur de España. Los que le persiguieron le acusaban de gnosticismo y de monarquianismo; por otra parte, los tratados suyos que se encontraron a fines del siglo pasado, de los muchos que debió de escribir, son plenamente ortodoxos, debido quizá a que fueron escritos para defenderse de estas acusaciones. El movimiento pricilianista le sobrevivió algunos años, especialmente en España y en el sur de las Galias.

Rufino de Aquileia, que murió el 410, había nacido cerca de esa ciudad, de padres cristianos. Estuvo en Oriente, donde se relacionó con Jerónimo, y vivió de nuevo en Aquileia los últimos años de su vida, hasta que en la invasión de los godos huyó a Sicilia. Su importancia en el campo literario se debe sobre todo a sus traducciones, especialmente de Orígenes y de Eusebio de Cesarea, así como del corpus de las pseudoclementinas.

Nicetas de Remesiana, obispo de esta ciudad cercana a Naissus, en la Moesia, no muy lejos del Danubio, murió después del 414; su obra principal trata de la instrucción que hay que dar a los catecúmenos.

Autores del tiempo de San Agustín

En otro grupo podemos colocar a los autores contemporáneos de San Agustín y que en general le sobrevivieron; o que, aunque son posteriores a él, en líneas generales desaparecen de la escena antes del concilio de Calcedonia o, al menos, antes de la fecha simbólica de la deposición del último emperador romano, Rómulo Augústulo, en el 476. Son los siguientes:

Mario Mercátor, que murió después del 431 y había escrito en Roma y en Tracia contra los pelagianos.

San Próspero de Aquitania, que murió después del 455, apoyó a Agustín en su lucha contra el pelagianismo, aunque más adelante se separó de él en algunos aspectos de su doctrina. Salviano de Marsella murió poco después del 480, y había sido también monje en Leríns antes de pasar a Marsella, donde fue presbítero; sus obras tienen importancia para el conocimiento de la historia de las invasiones.

Otros autores relacionados con Hispania

Se puede formar otro grupo con los autores de este mismo último período que presentan el rasgo común de su relación con Hispania. Son los que siguen.

Paulo Osorio, originario quizá de los alrededores de Braga y aún contemporáneo de San Agustín, que estuvo en relación con él desde su huida de España a causa de las invasiones, y le apoyó eficazmente en la controversia pelagiana; estuvo también en Oriente, donde tomó partido por los antiorigenistas; nos ha dejado una obra de historia.

Eutropio escribió alrededor del año 400, vivió en el nordeste de la península, y, ya en nuestro siglo, se han localizado cuatro obras suyas, que son pequeños tratados.

Avito de Braga, de donde parece que era originario, estuvo en Palestina por el año 415 y se conserva de él una carta; hay otros dos Avitos españoles por esta época, de los que hay también alguna carta.

Consencio, laico, vivía en las islas Baleares, donde parece que había bastante influencia del priscilianismo a principios del siglo v; tuvo tratos con San Agustín, era antipriscilianista y escribió varios tratados y cartas.

Santo Toribio de Astorga, natural de Galicia, fue obispo de Astorga y murió probablemente después del 450; tuvo que luchar también contra los priscilianistas.

Idacio murió hacia el 470; había nacido cerca de Braga, viajó por Oriente y fue luego obispo de Aquas Flavias, cerca también de Braga; tiene importancia histórica su Crónica, e ideó una manera uniforme de fechar los acontecimientos, la era hispana, que toma como punto de partida el año en que Augusto impuso el tributo a todos los pueblos del Imperio, 38 años antes de Cristo.

Los poetas

Un último grupo lo constituyen aquellos escritores que escribieron exclusiva o predominantemente poesía, y que se extienden a lo largo de todo el siglo y medio aquí considerado.

Son Juvenco, hispano, que escribía hacia el 330. Dámaso, del que ya hemos hablado, también de origen hispano. Ausonio, de Burdeos, muerto hacia el 394.

Aurelio Prudencio Clemente, muerto después del 405, era ciertamente de la Tarraconense y probablemente de Calahorra; sus obras más conocidas son el Cathemerinón, himnos religiosos para diferentes horas del día o circunstancias de la vida, y el Peristephanón, sobre los mártires; también nos han llegado otras varias.

Podemos finalmente citar a San Paulino de Nola, obispo de esta ciudad, en Italia, y originario de Burdeos, que murió el 431. Sedulio, procedente del mediodía de Galia o de Italia, que escribió probablemente antes del 431. Merobaudes, probablemente un franco nacido o criado en Barcelona o en la Bética, que escribió después del 435. Y Orencio, monje en Vasconia y luego obispo de Auch en el sur de la Galia, que el año 439 fue embajador de Teodorico, y del que tenemos una exposición de la vida cristiana y algunos himnos.

Fonte

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