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Obras da Patrística

São Isidoro de Sevilha

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Nació en Cartagena, España, alrededor del año 560; y murió el 4 de Abril del 636.

Fue hijo de Severino y Teodora. Su hermano mayor Leandro fue su predecesor inmediato en la Sede Metropolitana de Sevilla; mientras que su hermano menor San Fulgencio presidió el Obispado de Astigi. Su hermana Florentina fue una religiosa, de la que se dice que gobernó sobre cuarenta conventos y un millar de religiosas.

Recibió su educación elemental en la escuela Catedralicia de Sevilla. En esta institución, la primera de este género en España, el trivium y el cuatrivium eran enseñados por un cuerpo de docentes conformado por hombres muy cultos, entre los cuales estaba el arzobispo, Leander. Isidoro se aplicó con tal diligencia al estudio que en breve lapso de tiempo llegó a dominar el Latín, el Griego y el Hebreo. Permanece como una cuestión abierta, incluso en nuestros días, la de si Isidoro abrazó o no la vida monástica. La verdad es que aunque el mismo pudo no haberse afiliado nunca a ninguna orden religiosa, las tuvo en altísima estima. Desde su elevación al episcopado se constituyó así mismo en protector de los monjes. En el 619 pronunció un anatema contra cualquier eclesiástico que de cualquier manera molestase a los monasterios.

A la muerte de Leander, Isidoro lo sucedió en la Sede de Sevilla. Su largo ministerio en esta Sede coincidió con un periodo de desintegración y transición. Las antiguas instituciones y los estudios clásicos de la época del Imperio Romano iban desapareciendo aceleradamente Una nueva civilización se iba gestando en España a partir de la combinación de los variados elementos raciales aportados por los diversos pobladores. Durante casi dos siglos los Godos habían estado en pleno control de España y sus maneras bárbaras y su desprecio por el estudio amenazaban grandemente con retardar el desarrollo de la civilización. Dándose cuenta de que tanto el bienestar espiritual como el material de la nación dependían de la completa asimilación de los diversos elementos, San Isidoro se asignó a sí mismo la tarea de unificar en una homogénea nación a los variados pueblos que componían el Reino Hipano-Gótico. Con esta finalidad hizo uso de todos los recursos que le ofrecían tanto la religión como la educación. Sus esfuerzos fueron seguidos de un completo suceso. El Arrianismo, que había echado profundas raíces entre los Visigodos, fue erradicado, y la moderna herejía de los Acéfalos fue completamente sofocada desde sus inicios; ademaás, la disciplina religiosa fue fortificada por doquier.

A semejanza de Leander, participó activamente en los Concilios de Toledo y Sevilla. Con toda justicia se puede decir que en una gran medida fue debido al iluminado gobierno de estos dos ilustres hermanos que la legislación Visigoda, emanada de estos concilios, según los historiadores, ejerció una importante influencia en los orígenes del gobierno representativo. Isidoro presidió el Segundo Concilio de Sevilla, comenzado el 13 de Noviembre del 619 bajo el reinado de Sisebut. Pero fue el Cuarto Concilio Nacional de Toledo el que le proporcionó la oportunidad de prestarle uno de los más grandes servicios a su jurisdicción. En este concilio, iniciado el 5 de Diciembre del 633, todos los obispos de España, estando presente San Isidoro, a pesar de su avanzada edad, le encomendaron la presidencia de las deliberaciones, y fue el proponente de muchas nuevas legislaciones. Fue en este Concilio y por su influencia, que un decreto fue promulgado ordenando a todos los obispos establecer seminarios en las Catedrales de sus Ciudades según los parámetros de la escuela ya existente en Sevilla.

En su propia jurisdicción desplegó todos los recursos de la educación para contrarrestar la naciente influencia del barbarismo Gótico. Este fue el avivamiento espiritual que animó el movimiento educativo del cual Sevilla fue el centro. Tanto el estudio del Griego y del Hebreo como el de las artes liberales, fue prescrito. El interés por el derecho y la medicina fue también estimulado. Por la autoridad del cuarto concilio esta política educativa fue hecha obligatoria para todos los obispos del reino. Tiempo atrás los Árabes habían despertado el aprecio por la filosofía Griega, habían introducido a Aristóteles en su provincia.

Fue el primer escritor Cristiano en emprender la tarea de compilar para sus correligionarios una suma del conocimiento universal. Esta Enciclopedia compendió toda la ciencia, tanto la antigua como la moderna. En ella muchos fragmentos de los conocimientos clásicos fueron preservados y esto impidió que se perdieran irreparablemente. La fama de este trabajo le dio un nuevo ímpetu a los escritos enciclopédicos, los cuales dieron abundantes frutos en las subsiguientes centurias de la Edad Media. Su estilo, aunque simple y lúcido, no puede ser considerado como clásico. Revela muchas de las imperfecciones peculiares a todas las épocas de transición. Particularmente revela una desarrollada influencia Visigoda. Arévalo cuenta en todas los escritos de Isidoro 1640 palabras en Español.

Isidoro fue el último de los antiguos Filósofos Cristianos, y el último de los grandes Padres Latinos. Fue indudablemente el hombre más sabio de su época y ejerció una profunda influencia en la vida educativa Medieval. Su contemporáneo y hermano, Braulio, Obispo de Zaragoza, lo consideró como al hombre escogido por Dios para salvar al pueblo Español de la marea bárbara que amenazaba con inundar el comienzo de la civilización española. El Octavo Concilio de Toledo (653) registró su admiración por su carácter en estos luminosos términos: “El extraordinario doctor, el último ornamento de la Iglesia Católica, el hombre más sabio de los últimos tiempos, el siempre nombrado con reverencia, Isidoro”. Este tributo fue reconocido por el Decimoquinto Concilio de Toledo, acaecido en el 688.

Como escritor, Isidoro fue prolífico y versátil en grado extraordinario. Sus voluminosos escritos pueden ser en verdad considerados como el primer capítulo de la literatura Española. No, sin embargo, como un original e independiente escritor, sino como un infatigable compilador de todos los conocimientos existentes, esta literatura es mucho lo que le debe a él.

La más importante y en mucho la más conocida de todas sus obras son las “Etymologiae” u “Origines”, como también es conocida. Esta obra toma su nombre de la materia que constituye uno de sus libros. Fue escrita poco antes de su muerte, en la plena madurez de su pasmosa erudición, a petición de su hermano Braulio, Obispo de Zaragoza. Se trata de un inmenso depósito en el que es almacenado, sistematizado, y condensado, todo el conocimiento de su tiempo. A lo largo de una gran parte del Medioevo fue el texto más usado en las instituciones educativas. Tan altamente fue este mirado como un depositario de las enseñanzas clásicas que en una gran medida, reemplazo el uso de los trabajos individuales de los clásicos mismos. Ni siquiera el Renacimiento pareció disminuir la alta estima en la que era tenido, y de acuerdo con Arévalo, fue impreso diez veces entre 1470 y 1529. Además de las numerosas reimpresiones, la popularidad de las “Etymologiae” dio origen a muchas imitaciones inferiores. Esto proporciona abundante evidencia de que el autor poseyó un grande conocimiento íntimo de los poetas Griegos y Latinos. Entre todos, cita ciento cincuenta y cuatro autores entre Cristianos y paganos. Muchos de ellos los había leído en los textos originales y otros los consultó en las compilaciones en uso. En cuanto al estilo este trabajo enciclopédico es conciso y claro y en cuanto a su orden, admirable. Braulio, a quien Isidoro lo envió para su corrección, y a quien lo dedicó, lo divide en veinte libros.

  • Los primeros tres de estos libros presentan el trivium y el quadrivium. Todo el primer libro es dedicaco a la gramática, incluída la métrica. Imitando el ejemplo de Casiodoro y Boecio preservó la tradición lógica de la escuela reservando el segundo libro para la retórica y la dialéctica.
  • El libro cuarto trata de la medicina y las bibliotecas;
  • El libro quinto, del derecho y la cronología;
  • El sexto libro, de los libros eclesiásticos y los oficios;
  • El séptimo libro, de Dios y de las jerarquías celestes y terrestres;
  • El octavo libro de la Iglesia y de las sectas y de las más modernas numera no menos que sesenta y ocho;
  • El libro noveno habla del lenguaje, los pueblos, los reinos y los títulos oficiales;
  • El libro décimo de las etimologías;
  • El libro once, del hombre;
  • El libro doce, de las bestias y los pájaros;
  • El libro trece, del mundo y sus partes;
  • El libro catorce de la geografía física;
  • El libro quince, de los edificios públicos y de las avenidas;
  • El libro dieceseis, de las piedras y los metales;
  • El libro diecisiete, de la agricultura;
  • El libro dieciocho, de la terminología de la guerra, la jurisprudencia, y los juegos públicos;
  • El libro diecinueve, de los buques, las casas y los vestidos;
  • El libro veinte, de las proviciones, los utensilios domésticos y agrícolas y los mobiliarios.

En el libro segundo, tratando de la dialéctica y la retórica, Isidoro debe mucho a las traducciones del Griego de Boecio. Caelius Aurelianus contribuye generosamente en aquella parte del cuarto libro que trata de la medicina. Lactancio es el autor más extensamente citado en el libro once, que trata sobre el hombre. El doce, trece y catorce libros se basan abundantemente en los escritos de Plinio y Solinus; mientras que el perdido libro “Prata” de Suetonio parece haber inspirado el plan general de la “Etymologiae” al igual que muchos de sus detalles.

Similar en su carácter general a las “Etymologiae” es un trabjo titulado “Libri duo differentiarum”. Los dos libros de los cuales este se compone se titulan respectivamente, “De differentiis verborum” y “De differentiis rerum”. El primero es un diccionario de sinóninmos que trata de la diferencia entre palabras con una considerable erudición, y no poca ingenuidad; el último es una exposición de ideas teológicas y ascéticas, tratando en particular acerca de la Trinidad y de la naturaleza humano-divina de Cristo. Probablemente fue inspirado por un trabajo similar de Cato como suplemento a los primeros dos libros de las “Etymologiae”.

  • El “Synonyma”, o, como este es llamado a causa de su peculiar desarrollo, “Liber lamentationum”, es en alguna maenera ilustrativo del primer libro de “Differentyae”. Este es pensado en la forma de un diálogo entre el Hombre y la Razón. El peso general del diálogo es que el Hombre lamenta la condición a la que ha sido reducido por el pecado, y la Razón lo conforta con el conocimiento de cómo puede él pese a todo alcanzar la felicidad eterna, la segunda parte de este trabajo consite en una disertación acerca del vicio y de la virtud. El “De natura rerum”, manual de física elemental, fue compuesto a petición del Rey Sisebut, a quien es dedicado. Trata acerca de astronomía, geografía, y otras cosas. Es uno de los más conocidos libros de Isidoro y gozó de una amplia popularidad durante la Edad Media. La autenticidad del “De ordine creaturarum” ha sido cuestionada por muchos críticos, bien que aparentemente sin una buena razón. Arévalo sin dudar lo atribuye a Isidoro. Está dividido en varias questiones espirituales y físicas, tales como la Trinidad, las consecuencias del pecado, el océano, los cielos y los cuerpos celestiales.
  • La materia histórica y biográfica es tratada en tres importantes trabajos. De estos el primero, “Chronicon”, es una crónica universal. En el prefacio Isidoro agradece y reconoce su deuda con Julio africano, con San Jerónimo y a través de este con Eusebio; y con Victor de Tunnuna.
  • La “Historia de regibus Gothorum, Wandalorum y Suevorum” trata acerca de los reyes Góticos cuyas conquistas y gobierno influenciaron pronfundamente la civilización española. La historia de los Vándalos y de los Suevos es tratada en dos cortos apendices. Este trabajo es tenido como el de mayor autoridad en relación con la historia Gótica en el oeste. Contiene el interesante dato de que los Godos descienden de Gog y Magog. Como otros trabajos históricos de Isidoro, este se basa anteriores trabajos históricos, de los cuales es un compendio. Ha llegado a nosotros en dos recensiones, una de las cuales termina con la muerte de Sisebut (621), y la otra continua con los cinco años del reinado de Swintila, su sucesor.
  • “De viris illustribus” es un trabajo de biografía Cristiana y constituye uno de los más importantes capítulos de la literature patrológica. Al número de ilustres escritores mencionados allí Braulio agregó el nombre del mismo Isidoro. Un corto apéndice con una lista de teólogos Españoles fue añadida por un discípulo de Braulio, Ildefonso de Toledo. Es una continuación del trabjo de Gennadius, un sacerdote Semipelagiano de Marsella, que escribió entre el 467 y el 480. Esta obra de Gennadius fue a su vez una continuación del trabajo de San Jerónimo.

Entre los escritos de Sagrada Escritura y Teología de San Isidoro los siguientes son especialmente dignos de mención:

  • “De ortu et obitu patrum qui en Scriptura laudibus efferuntur” es una obra que trata de las más notables personalidades de las Escrituras. Contiene más de un pasaje que a la luz de los modernos estudios es ingenuo o fantástico. La cuestión de la autenticidad ha sido planteada aunque completamente sin razón con respecto a esta obra.
  • “Allegoriae quaedam Sacrae Scripturae” trata del alegorico significado que se le asigna a los más conspicuos caracteres bíblicos. En total son doscientos quince personalidades del antiguo y del nuevo testamento que son en ella tratados.
  • “Liber numerorum qui in Sanctis Scripturis occurrunt” es una curiosa disetación sobre el significado místicos de los números en las Escrituras.
  • “In libros Veteris et Novi Testamenti prooemia”, como su nombre lo indica es una introducción general a las Escrituras, con una especial introducción para algunos libros del Antiguo y del Nuevo Testamento.
  • “Secretorum expositiones sacramentorum, seu quaestiones in Vetus Testamentum” es una traducción mística de los libros del Antiguo Testamentyo Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuterononio, Josué, Jueces, Reyes, Esdras y los Macabeos. Está basado en los escritos de los primeros padres de la Iglesia.
  • “De fide catholica ex Veteri et Novo Testamento, contra Judaeos” es uno de los más conocidos y más meritorios trabajos de Isidoro. De carácter apologético-polémico, dedicado a Florentina, su hermana, a cuya petición se dice corresponder su escritura. Su popularidad fue infinita en la Edad Media, y fue traducida a muchas lenguas vernáculas de esta época. Trata de las profecías Mesiánicas, del paso de la Antigua Ley, y de la Revelación Cristiana. La primera parte habla de la Segunda Persona de la Trinidad, y su regreso al final de los tiempos. La segunda parte es presenta la increencia de los Judios, del llamado a los Gentiles, y de la superación del Sabbath. En su conjunto es una apelación a los judíos para que acepten el Cristianismo.
  • “Sententiarum libri tres” es un compendio de teología dogmática y moral. Gregorio el Grande y San Agustín son los que más contribuyen en su contenido. Los atributos divinos, la creación, el mal, y otros varios aspectos son tratados en el primer libro. El segundo tiene un variado carácter mientras que el tercero trata de las órdenes eclesiásticas, del juicio y del castigo de Dios. Se cree que este libro influenció grandemente a Pedro Lombardo en sus famosas “Book of Sentences”,
  • “De ecclesiasticis officiis” se divide en dos libros, “De origine officiorum” y “De origine ministrorum”. En el primero Isidoro trta del culto Divino y particularmente de la liturgia Española antigua. Contiene además una lúcida explicaciónde la Santa Eucaristía. El segundo trata de la jerarquía de la Iglesia y de los varios estados de vida. En este mucha interesante información puede ser cencontrada con relación al desarrollo de la música en general y de sus adaptaciones al las necesidades del Ritual.
  • “Regula monachorum” es un modo de vida prescrito a los monjes, y además trata de una manera general acerca del estado monástico. El escritor dá abundantes pruebas de la democracia Cristiana en la vida religiosa por cuanto permite el acceso a todo hombre a cualquiera nivel y estado de vida. Ni siquiera los esclavos fueron excluídos. “Dios”, dice, “no ha hecho diferencia entre el alma del esclavo y aquella del libre”. Insiste en que en el monasteriotodos son iguales a los ojos de Dios y de la Iglesia.

La primera edición de las obras de Isidoro fue publicada por Michael Somnius (París, 1580). Otra edición completa está basada en los manuscritos de Gomez, con notas de Perez y Grial (Madrid, 1599). Basada casi completamente sobre la edición de Madrid es aqulla publicada por Du Breul (París, 1601; Cologne, 1617). La última edición de las obras de Isidoro, la cual es considerada como la mejor,es la de Arévalo (7 volúmenes, Roma, 1797-1803). Se encuentra en P. L., LXXXI-LXXXIV. La “De natura rerum” fue editada por G. Becker (Berlin, 1857). Th. Mommsen editó los escritos históricos de san Isidoro (“Mon. Germ. Hist.: Auct. antiquiss.”, Berlin, 1894). Coste produjo una taducción alemana de la “Historia de regibus Gothorum, Wandalorum et Suevorum” (Leipzig, 1887).

JOHN B. O’CONNOR
Traducido por José Octavio Lara, Pbro. Parroquia Nuestro Señor de los Cristales

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